Las religiones han sido y son una de las
dimensiones propias de muchos hombres y mujeres, al mismo tiempo que uno de los
ingredientes fundamentales en la configuración de los grupos de seres humanos y
de las sociedades en el tiempo pasado y en el mundo actual. Constituyen un
conjunto de creencias, preceptos y ritos para los fieles que las practican,
pero además las religiones toman una atribución cultural por su influencia en
pensamiento y el arte, por los fundamentos religiosos de muchas estructuras, costumbres
y usos sociales en los tiempos modernos, así como por influir en la conducta
individual y colectiva derivados de sus respectivas concepciones del hombre y
del mundo.
Esta visión da al fenómeno religioso un papel de suma
importancia en el conocimiento de las sociedades en el tiempo y de su
continuidad en elementos de la cultura actual. Ahora bien, en el mundo actual
se nota, mucho más que en otras épocas históricas, a un pluralismo que influye
también en las creencias. Al mismo tiempo se da una progresiva secularización
de la sociedad y un aumento del pluralismo religioso. Así es como la realidad
contemporánea incluye un gran surtido de creencias religiosas y no religiosas y
un no menor pluralismo religioso que sugiere, además, cambios en el papel e
importancia de las distintas religiones.
Este sitio web concibe la descripción de las creencias
religiosas, y más concretamente de las religiones organizadas, como un elemento
de la civilización. Su estudio trata de acercar al visitante al conocimiento de
las principales religiones y de sus manifestaciones en relación con
otras realidades sociales y culturales, así como también a la comprensión de la
influencia que cada religión ha tenido en el pensamiento, la cultura y la vida
social en las distintas épocas y espacios.
Este conocimiento de los atributos fundamentales de las
grandes religiones enmarca la expresión religiosa en su realidad histórica
específica, con sus confrontaciones positivas y negativas, tanto en la
construcción de las sociedades en las que surgen y se desarrollan, como en las
relaciones entre los pueblos. También aborda las claves culturales que
configuran las manifestaciones de la religión, y los condicionamientos
religiosos que han influido en los hechos políticos, sociales y culturales de
cada civilización.
Se hace un estudio de las religiones con un enfoque no
confesional, ni de vivencia religiosa ni de apología de ninguna de ellas,
tampoco desde una defensa de posturas agnósticas o ateas. Se pretende mostrar
el pluralismo ideológico y religioso existente en el mundo en que vive, desde
el conocimiento de los rasgos relevantes de las principales religiones y su
presencia en el tiempo y en las sociedades actuales, a la vez que se da
importancia a la libertad de las conciencias y a la libertad religiosa como
elementos esenciales de un sistema de convivencia. Asimismo se busca
desarrollar actitudes de tolerancia hacia las personas con creencias o sin
ellas, en el respeto de los derechos reconocidos en la Declaración Universal de
los Derechos Humanos. Se trata, en suma, de proporcionar un mejor conocimiento
de la realidad del mundo en que se vive, a la vez que se favorece la
convivencia en la actual sociedad pluralista.
La persecución religiosa constituye un caso extremo de
intolerancia que implica el maltrato, la violencia, la agresión persistente, y
provocar la muerte de un individuo o un grupo religioso. Usualmente, la
persecución de esta naturaleza florece por la ausencia de tolerancia religiosa,
libertad de religión y pluralismo religioso.
La persecución, en este contexto, puede suponer agresiones,
apedreamientos, torturas, pena de prisión, ejecuciones injustificadas, negación
de beneficios y de derechos y libertades civiles. Puede también implicar
confiscación de bienes, destrucción de propiedades o incitamiento al odio,
entre otras cosas.
El monopolio religioso es un atractivo a la intolerancia
religiosa fácil de entender. Desde niños, los seres humanos son conscientes de
su impotencia respecto a cosas fundamentales como la comida, el amor y la
propia vida. La religión les ayuda a afrontar la pérdida y el miedo a la
muerte; enseña principios morales y hace que la gente los siga. Pero,
precisamente porque las religiones son fuentes tan poderosas de moralidad y
sentido comunitario, se convierten con demasiada facilidad en vehículos para
huir de la impotencia, que tantas veces se manifiesta en opresión e imposición
de jerarquías. En el mundo de hoy, las personas abordan las diferencias étnicas
y religiosas de maneras nuevas y temibles. Al aferrarse a una religión que
consideran verdadera, al rodearse de correligionarios y colocar por debajo a los
que no abracen esa religión, pueden olvidar durante un tiempo su debilidad y su
mortalidad.
Dos ideas suelen alimentar la intolerancia y la falta de
respeto en materia de religión. La primera, que nuestra religión es la única
verdadera y las demás son falsas o tienen fallos morales. La gente que opina
así, no es monolítica, también puede creer que los demás merecen respeto por
sus creencias, siempre que no hagan daño. Mucho más peligrosa es la segunda:
que el Estado y los ciudadanos particulares deberían obligar a la gente a
abrazar la forma correcta de abordar la religión. Es una idea que está
extendiéndose, incluso en democracias modernas. Ejemplos recientes y
preocupantes son la aplicación de la ley de la sharia por jueces islámicos en
África y Asia, la destrucción de las estatuas de Buda por los talibanes en
Afganistán, las décadas de guerra religiosa en Irlanda, la reciente partición y
limpieza étnica -en base a la religión de cada cual- de Yugoslavia, la
resistencia de Francia a tolerar símbolos religiosos en las escuelas y las
afirmaciones de la extrema derecha india de que las minorías en India deben
integrarse en la cultura de los hindúes. La reaparición de este pensamiento
supone una amenaza para las sociedades liberales, construidas sobre la libertad
e igualdad.
Las transgresiones a la sharia incluyen relaciones sexuales
fuera del matrimonio (adulterio), acusaciones falsas, beber alcohol, robo y
asalto en rutas. Las ofensas sexuales conllevan una pena de lapidación o
azotes, mientras que el robo está penado con la amputación de una mano. Algunos
países, como por ejemplo Arabia Saudí, afirman vivir bajo el imperio de la
sharía en toda su pureza, y aplican las penas mencionadas ante las ofensas
hadd. En otros, como por ejemplo Pakistán, no ocurre lo mismo. La mayoría de
los países del Oriente Próximo, incluyendo a Jordania, Egipto, Líbano y Siria,
no han adoptado las ofensas Hadd como parte de sus legislaciones estatales,
pero la sharia se está adoptando en varios países del África negra, causando conflictos
con las costumbres de los turistas en varias partes del mundo.
Precisamente cuando se impone una uniformidad de religión,
es que surgen tantos conflictos, pues nuestro mundo, formado por miles de seres
humanos, pensantes por si mismos, pueden permanecer en su religión o cambiarla
por la que crean mejor y llene sus expectativas. La problemática de
intolerancia religiosa ha existido desde tiempos antiguos, pues al existir
personas buscando intereses propios o poder político, quieren someter a toda persona
a su fe, creyendo así, dominar en todos los aspectos para sus objetivos. Así,
hoy miramos tantas culturas y creencias de nuestros antepasados casi en su
totalidad desaparecidas, causa de ello fue la falta de respeto e intolerancia a
su cultura y religión.Al no permitir el libre albedrío en el ser humano
seguirán surgiendo muchos conflictos que muchas veces atentan en contra de la
dignidad humana.
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